Algunas de las mentes más brillantes de todos los tiempos tenían la costumbre de tomar notas en un cuaderno. Albert Einstein, Pablo Picasso, Charles Darwin… especialmente conocido es el caso de Leonardo Da Vinci, quien dejó unas 13.000 páginas de texto y dibujos en sus célebres códices escritos del revés.
Expresiones Artísticas
sábado, 23 de abril de 2016
Cuaderno de Apuntes
Algunas de las mentes más brillantes de todos los tiempos tenían la costumbre de tomar notas en un cuaderno. Albert Einstein, Pablo Picasso, Charles Darwin… especialmente conocido es el caso de Leonardo Da Vinci, quien dejó unas 13.000 páginas de texto y dibujos en sus célebres códices escritos del revés.
sábado, 5 de septiembre de 2015
¿Para qué sirven las emociones?
Cuando hablamos de sentimientos, de emociones, casi nunca pensamos en la ciencia. De hecho, hasta hace poco la ciencia renegaba de "lo sentimental" y su estudio se relegaba a la poesía. Pero esta situación ha cambiado y antropólogos, psicólogos, neurocientíficos e incluso investigadores de inteligencia artificial se han sumado al estudio de las emociones aportando nuevas piezas con las que completar el rompecabezas.
Cuando nos quedamos en blanco ante un examen, cuando nos ruborizamos frente a una persona que nos gusta...todos en más de una ocasión hubiésemos querido no emocionarnos y actuar de forma más racional. Por ello es inevitable preguntarse: ¿para qué sirven las emociones? ¿por qué nos emocionamos cuando lo hacemos? ¿qué desencadena las emociones? ¿podemos controlarlas para, por ejemplo, evitar emocionarnos en situaciones destructivas?
La ciencia nos dice que las emociones son mecanismos cerebrales seleccionados para ayudarnos a sobrevivir y que sería muy difícil explicar la evolución humana al margen de las emociones. En esta edición de REDES daremos un paseo por la ciencia de la emoción en compañía de Paul Ekman, uno de los mayores expertos del mundo en cómo expresamos nuestros sentimientos. Con él debatiremos sobre los tres tipos principales de emociones que nos gobiernan: las básicas, que son innatas y universales, las superiores, como el amor, y las que se desarrollan y manifiestan en determinadas culturas. Además, explicaremos cómo se forma en nuestro cerebro la "base de datos" emocional que determina cómo nos comportamos y analizaremos las expresiones faciales de las distintas emociones y sus aplicaciones en nuestra vida cotidiana, o los patrones de expresión que se usan en animación para expresar las emociones de los personajes.
En el plató contaremos con las opiniones de Josep Maria Fericgla, antropólogo social de la Universidad de Barcelona y de Jaime Iglesias, psicobiólogo de la Universidad Autónoma de Madrid.
Etiquetas:
ciencia,
creatividad,
Documentales,
emociones,
Josep Fericgla
jueves, 27 de agosto de 2015
martes, 18 de agosto de 2015
El color de la música: Numerofonía
Enlace: Sergio Aschero
Otros enlaces:
https://www.youtube.com/channel/UClbILJEr1zsVqyniDLBhjZA
lunes, 17 de agosto de 2015
El lenguaje de la iluminación
Por: Michel Marcu
Aprendiendo a ver
En este trabajo profundizamos en las propiedades de la luz y de las distintas superficies sobre las cuales ésta incide. El objetivo es comprender las diversas situaciones que plantea la luz natural y prepararnos también para proyectar un esquema de iluminación de estudio.
Uno de los modos de aprehender la realidad física, como en el caso de la iluminación, consiste en acordar definiciones que permitan establecer un código, un terreno común de comprensión.
Comenzamos planteando y definiendo los elementos que participan de la compleja estructura de un esquema de iluminación, para reducirla luego a unos pocos conceptos básicos que se convertirán, finalmente, en las herramientas que requiere la práctica.
Las propiedades que estudiamos están todas vinculadas entre sí y veremos luego de qué modo se interrelacionan y cómo es posible independizar hasta un cierto punto una propiedad de las otras.
La transmisión de la luz
Para los fines de este estudio, nos centraremos solamente en las propiedades geométricas de la transmisión de la luz, utilizando para esto el concepto de haz de rayos luminosos. El rayo luminoso es tan solo una simplificación apta para describir la propagación de las ondas electromagnéticas en la mayoría de los medios materiales.
Los haces de luz pueden clasificarse en tres tipos: divergentes, paralelos y convergentes. Las diferencias entre las tres categorías se manifiestan esencialmente en las relaciones de luz y sombra que producen sobre el objeto.
Haz divergente
En el haz de luz divergente, como es el caso de la mayoría de las fuentes de la naturaleza, de una simple bombita eléctrica o una vela, la radiación parte en todas las direcciones y, generalmente, con una distribución no regular, es decir con preponderancia hacia unas direcciones más que hacia otras.
Haz paralelo
Cuando el haz de luz es paralelo sus rayos se emiten en una sola dirección, este es por ejemplo el caso del sol, que por hallarse a muy gran distancia con respecto a la Tierra, ilumina a esta con un haz de radiación que puede considerarse paralelo.
Haz convergente
El haz de luz convergente es aquel que concentra los rayos luminosos en un punto, tal como lo hace una lupa, una gota de agua, una lente. Este es el caso menos frecuente en situaciones naturales, pero se utiliza a menudo en condiciones de iluminación artificial
Esta noción de haz luminoso nos servirá para comprender en forma más sutil los efectos de los distintos tipos de superficies de reflexión.
Las superficies
El conocimiento de las superficies sobre las que incide la luz es fundamental para comprender realmente lo que ocurre con la iluminación, no debemos olvidar que lo que vemos no es ni la luz ni la iluminación, lo que se ve es el encuentro de la luz con la materia.
Cuando la luz incide sobre una superficie puede ocurrir que rebote o que penetre en la materia, en el primer caso se trata de reflexión y en el segundo de translucidez.
Veremos que según sea el tipo de reflexión esta puede ser especular o difusa y que la translucidez también puede variar desde la transparencia hasta la difusión. De este modo podemos clasificar las distintas superficies según estas propiedades que, en la mayoría de las veces son una combinación de distintos factores.
Una superficie puede reflejar parte de la luz en forma especular y difundir por su translucidez lo que no fue reflejado, como un vidrio despulido por ejemplo.
El color es también una propiedad fundamental en la capacidad de reflejar o transmitir la luz: las superficies más oscuras absorben la luz en mayor medida que las claras.
Reflectivas o especulares
Para que una superficie sea reflectiva, o especular, es necesario que sea lisa, tal como el metal brillante, líquidos en reposo, o espejos. Se trata, sencillamente, de aquellas que nos permiten ver una imagen virtual. El efecto de espejo aparece en todas estas superficies.
Transparentes y translúcidas
La luz atraviesa las materias transparentes pero siempre existe una parte que se refleja en la superficie, estos son los reflejos que vemos en una vitrina, por ejemplo, o en el agua inmóvil de un estanque. La propiedad de transparencia es la que hace que los rayos luminosos que atraviesan la materia no se difundan en todas las direcciones, aunque puedan cambiar su ángulo de propagación.
Por el contrario, materia translúcida es aquella que deja pasar la luz pero en su interior los rayos se difunden en distintas direcciones, el papel de calco, telas livianas, placas de policarbonato, por ejemplo.
Existen distintos grados de transparencia y están vinculados con la proporción de intensidad luminosa que atraviesa el material.
Difusoras
Una superficie difusora es aquella en que los rayos de luz que inciden son reenviados en distintas direcciones y esto ocurre tanto con superficies opacas como con superficies translúcidas, cuando se produce el fenómeno de difusión, cada punto que recibe luz se convierte a su vez en una nueva fuente de luz divergente, tal es el caso de la niebla, de una cortina de tela expuesta al sol, de una pared clara y de la mayoría de las superficies rugosas o porosas.
La difusión es el principio sobre el cual se basa la mayoría de los equipos que se utilizan en iluminación.
Una superficie difusora es útil para aumentar el tamaño de una fuente de luz.
Las fuentes de luz
Como ya hemos mencionado, la visión no puede discriminar entre lo que produce la luz y lo que la refleja, pero para comprender y analizar una situación de iluminación, así como para proyectar un esquema, es necesario desarrollar la capacidad de análisis de lo que se visualiza.
Percibimos que la luz es producida por dos tipos de fuentes: las fuentes activas y las pasivas.
Una lámpara eléctrica o de aceite, un flash, el sol, el fuego, un relámpago, son fuentes activas de luz, reciben energía de algún medio y la convierten en radiaciones luminosas.
La luna, que refleja los rayos del sol, una pared clara, la piel humana, telas, son fuentes pasivas de luz, ya que reciben las radiaciones luminosas y reintegran una parte de ella, según sean las propiedades de sus superficies, por reflexión o por translucidez.
Podemos establecer un límite entre ambas definiciones y considerar que cuando un reflector o un difusor es solidario de una fuente activa es también una fuente activa, por ejemplo una lámpara y su pantalla, mientras que un reflector independiente constituye una fuente pasiva.
Cuando el cielo está totalmente cubierto, las nubes iluminadas por el sol se convierten en fuentes de luz pasiva, cada partícula de humedad en suspensión en el aire se convierte en una pequeña fuente de luz. Lo mismo ocurre, en menor medida, con el aire de la atmósfera terrestre, aún cuando se trate de un día claro y luminoso.
Cuando observamos un paisaje, por ejemplo, si el sol no se encuentra visible, veremos sólo fuentes de luz pasivas, lo mismo ocurre en una escena teatral en la que las luces están ocultas y sólo vemos su efecto sobre la escenografía y los personajes.
En las fotografías del espacio exterior, dónde no existe la atmósfera, las zonas que se encuentran en sombras están en total oscuridad ya que no reciben luz de ninguna fuente pasiva.
Tamaño de la fuente de luz
Una propiedad importante de una fuente luminosa (activa o pasiva) es sutamaño relativo, una medida de este tamaño es el ángulo con el cuál se ve, desde el objeto, a la fuente de luz. El sol es una fuente de dimensiones inmensas pero su distancia a la Tierra es tal que lo vemos como una fuente de luz pequeña, que llamamos puntual.
Por el contrario, una ventana abierta al cielo aparece como una fuente no puntual si nos hallamos cerca (siempre que el sol no entre por la ventana) y a esto llamamos fuente difusa porque, desde el punto de vista del que recibe la luz, se ve una superficie luminosa en lugar de un punto.
Una fuente de luz alejada, puntual, hace llegar sus rayos en un haz paralelo y eso produce sombras bien definidas y recortadas, inversamente una fuente de luz amplia y cercana proyectará sombras de transiciones suaves. Podría decirse que la fuente “envuelve” al objeto suavizando sus sombras.
En las figuras se observan las diferencias en las sombras producidas por una iluminación puntual y otra difusa.
Direccionalidad
Entre las propiedades que definen la relación de luz y sombra que se produce sobre los objetos, la más importante junto con el tamaño relativo es la dirección de la iluminación. Una iluminación direccional es la que posibilita la identificación del origen de la fuente por la proyección de las sombras. Una fuente puede ser puntual o difusa y también ser direccional, como la luz del sol o de una ventana abierta.
Un cielo cubierto, dónde el sol no se distingue es una fuente no direccional, basta con observar la ausencia de las sombras que deberían arrojar los objetos sobre el suelo.
Por lo general una fuente puntual tendrá más posibilidades de ser direccional que una fuente difusa, sin embargo sólo en el caso de total difusión, dónde ya no se percibe ninguna sombra, perderá la fuente su capacidad de ser indicadora de una dirección.
Las propiedades vistas anteriormente y que se refieren al haz de luz, al tamaño relativo y a la direccionalidad tienen la particularidad de ser las que generan en la imagen la información relativa al espacio, a los volúmenes, formas, relieves, y texturas, y estas propiedades quedan definitivamente fijadas al efectuar la toma fotográfica: en efecto una vez realizada ésta difícilmente pueda modificarse la dirección de la luz o los efectos del tamaño de la fuente.
Por otra parte las propiedades que se definen a continuación permiten un tratamiento posterior a la toma, y más aún teniendo en cuenta el uso de los modernos medios digitales de retoque de imágenes.
Luminosidad
La luminosidad está vinculada con la idea de cantidad de luz, es lo que evaluamos como oscuro o luminoso y cada fotografía puede tener una tendencia global en uno u otro sentido. Una imagen de clima oscuro, “low key” como se denomina en la jerga fotográfica, puede tener una zona clara que se destaca sobre el trasfondo de oscuridad, inversamente se llama “high key” a las imágenes cuya luminosidad es en su mayor parte elevada.
La luminosidad puede ser globalmente alta o baja en una imagen mientras que pueden existir zonas de luminosidad local que sean diferentes de la tendencia general.
Contraste
El contraste es la relación de luminosidad entre las zonas claras y oscuras de la imagen y es el resultado combinado de la presencia alternada de luz y sombra y de las características tonales propias del sujeto.
Los distintos volúmenes y planos que conforman al objeto reciben la luz de diferentes maneras, según su orientación, y la reflejan de acuerdo con sus propias características.
El contraste, al igual que la luminosidad, es una magnitud que puede medirse con un fotómetro.
Nos encontramos con dos tipos de contraste: el contraste general o global y el contraste local. El contraste global es el que se mide sobre la totalidad de la imagen, mientras que el contraste local es el que se aprecia en puntos contiguos de una superficie, por ejemplo una pared rugosa, iluminada uniformemente en forma rasante, manifiesta su textura como la alternancia de pequeños puntos de luz y sombra, por lo que tiene un apreciable contraste local, mientras que su contraste global será escaso.
La luz ambiente es la luz difusa no direccional que ilumina en forma pareja todos los objetos desde todos los ángulos, y es la luz ambiente la que determina el contraste global de una imagen y esto es lo que brinda tanta importancia al control y reconocimiento de la luz ambiente
Cuando la luz ambiente es elevada el contraste es bajo, inversamente, al disminuir la luz ambiente el contraste aumenta.
Color
El color es también una de las propiedades cuantitativas de la luz, y es posible medir la temperatura de color de una fuente de luz para efectuar correcciones antes de la toma. La temperatura de color es una magnitud que expresa la tendencia de la luz a ser más o menos azul o más o menos rojiza, una temperatura elevada de color (5500ºK) es semejante a la luz del día, o de un flash, con tendencia al azul, mientras que una baja temperatura de color (3200ºK) puede ser producida por una lámpara incandescente y provoca una coloración rojiza en las imágenes si no se efectúan las correcciones necesarias.
Con estas definiciones de las propiedades de la luz nos encontramos en condiciones de apreciar analíticamente una situación dada de iluminación, podemos evaluar el cómo y, siempre que sea posible, efectuar modificaciones para obtener los resultados esperados.
LA ILUMINACIÓN Y LAS EMOCIONES
Una fotografía puede ejercer sobre nuestras emociones un efecto poderoso vinculado con la composición de la imagen. La luz, entre los elementos plásticos que intervienen, es en la mayoría de los casos el más influyente.
De aquí la importancia de conocer a fondo el modo en que la luz incide sobre los objetos y el resultado que sobre las imágenes se produce.
En este estudio trabajamos sobre la correlación existente entre los efectos físicos que produce la iluminación y su reflejo en la mente del espectador.
Imágenes dramáticas o imágenes descriptivas
Uno de los primeros impactos que puede producir una imagen está vinculado con su carácter dramático, algo que podríamos llamar el “clima” de la imagen que va desde un contenido dramático intenso hasta la neutralidad de una imagen descriptiva.
Imágenes neutras o descriptivas son aquellas que supuestamente pretenden informar de manera lo más precisa y veraz acerca del objeto de la fotografía. Al decir “supuestamente” estamos significando la intención de difícil cumplimiento que consiste en no cargar la imagen con ningún mensaje emocional o subjetivo: “esto que se ve, esto es lo que es”.
Productos, paisajes, algunos retratos, pueden ser realizados con esta intención descriptiva, y la lectura de la imagen se efectúa mediante un código de lectura común y delimitado.
La fotografía documental, aunque la intención sea descriptiva, puede recibir una enorme carga dramática como producto de la situación fotografiada en sí misma, aun cuando el fotógrafo sólo tenga la intención de registrar fielmente lo que ve. En este caso la iluminación puede acentuar o no esta cualidad de producir emociones inherente a la escena.
Lo opuesto de imágenes puramente descriptivas serían aquellas de alto contenido dramático, en éstas encontramos elementos que, por su contenido documental o por su composición, despiertan emociones en el espectador.
Esta componente dramática provoca múltiples lecturas y tiene la cualidad de ser inasible para el análisis racional: se perciben símbolos arcaicos, referencias inconscientes y se convoca así la participación emotiva del observador.
Los factores más importantes
En este estudio nos centraremos sobre los efectos que ejerce la iluminación sobre esta polaridad dramático-descriptiva, y para esto tomamos en consideración las propiedades de la luz y sus efectos individuales que se manifiestan en gran medida en las relaciones de luz y sombra.
La relación de luz y sombra
A través de la relación entre las zonas de luz y de sombra la visión reconstruye una imagen que podrá percibir como descriptiva o bien como cargada de dramatismo.
La configuración de luces y sombras está primordialmente determinada por dos propiedades formativas de las fuentes de luz: la direccionalidad y el grado de difusión de la fuente, cuyos efectos analizaremos en lo que sigue.
Una fuente de luz puntual proyecta sombras de bordes y transiciones muy definidos, mientras que una luz difusa genera transiciones suaves y progresivas. Esta diferencia es fundamental ya que en el primer caso la neta delimitación entre la luz y la sombra puede provocar la aparición de nuevas figuras que se superponen a las formas y volúmenes que son propios del sujeto: la visión puede confundir estas sombras con objetos independientes, las interpreta como figuras en sí mismas y este efecto se hace tanto más notable cuanto mayor sea el contraste. El aumento del contraste puede llegar aún a una instancia en que las nuevas figuras, producto de las sombras, dotan a la imagen de formas abstractas.
Estas figuras oscuras que se superponen a la imagen y que nos aparecen como objetos cargan a la escena con un efecto dramático intenso. Zonas enteras de la forma desaparecen devoradas por las sombras y dejan una sensación de misterio, de incógnita o de ausencia.
Esta sobrecarga dramática es en detrimento de la capacidad descriptiva de la imagen.
Por otra parte, la proyección de la sombra bien definida de un objeto sobre otra superficie, la aparición de la silueta, es una ayuda a la reconstrucción visual de la información, la visión recompone la tridimensionalidad gracias a la superposición de diferentes vistas y proyecciones.
Cuando la fuente de luz es difusa, las transiciones de luz a sombra son suaves y la visión no percibe imágenes abstractas, estas transiciones permiten reconstruir la tridimensionalidad del objeto, apreciar el ángulo de los distintos planos y las curvaturas de las superficies.
Este efecto de tridimensionalidad es importante ya que produce una sensación de realismo: formas y volúmenes se manifiestan notablemente y en las transiciones se percibe la textura de la superficie.
La textura
La textura es un fuerte elemento plástico revelado por la forma en que se iluminan las superficies, la luz rasante, tangencial a una superficie produce sombras de todas las pequeñas irregularidades y el contraste local entre luz y sombra brinda la sensación de la textura. Cuando la luz es puntual, la textura aparece en zonas muy pequeñas o no se manifiesta nunca, esto es porque las transiciones son tan definidas que no hay espacio para apreciar el efecto local del contraste, salvo cuando la luz puntual rasante incide sobre una superficie plana.
La importancia que tiene la textura en la imagen es que, junto con la trama, producen una sensación de materialidad que siempre hace resaltar la existencia real, la consistencia de lo observado.
La imagen de la textura de una pared atestigua sobre su existencia, quizá sobre su edad, su estado y su exposición a la intemperie, se trae el objeto “aquí y ahora” sin dejarle perder su significado de testimonio del paso del tiempo.
Inversamente, una piel lisa y sin arrugas produce la sensación de transparencia y de frescura que linda con la atemporalidad.
Las formas y la distribución espacial
La luz direccional ilumina diversamente los distintos planos y permite a la visión una reconstrucción visual de la distribución en el espacio y, asimismo, asocia los planos paralelos por su grado de iluminación, con lo cual se crea un orden y se produce la unidad de los objetos complejos.
Contraste, luminosidad y color
Hasta ahora hemos visto la influencia que ejercen la dirección de la fuente de luz y su tamaño, justificando esta prioridad por ser las que forman el “clima” de la imagen y que no pueden compensarse o corregirse en los procesos posteriores a la toma.
La luminosidad general de la imagen tiene un vínculo muy directo con el efecto producido: por lo general las imágenes más luminosas son las más descriptivas mientras que las imágenes oscuras son las más dramáticas, con variantes que surgen por la aparición de áreas de mayor o menor luminosidad local.
Cuando el contraste es acentuado, se comienza a poner el acento en la relación de luz y sombra más que en el sujeto iluminado, hasta valores en los que aparecen trazos y formas que se superponen al sujeto haciendo menos relevantes sus propiedades.
El color ejerce una influencia determinante en la percepción que tenemos de los objetos.
Hay colores que tienen un mayor “peso” que otros y, por lo tanto, atraen la atención, el rojo por ejemplo, que es además un color que estimula, mientras que otros producen la sensación de calma o de profundidad, como el azul.
Sin entrar en una descripción detallada de los distintos colores y de sus efectos, podemos considerar como regla general que es la asociación con el color de objetos de nuestro mundo conocido lo que produce el estímulo de las emociones para cada color: el rojo y el fuego o el rojo y la sangre, el azul y el agua o el cielo, el verde y la naturaleza, el negro y la oscuridad, y otros ejemplos válidos que pueden tener un carácter universal, que trascienden las particularidades de las diferentes culturas, o bien asociaciones locales vinculadas con la carga cultural de cada espectador.
Fuente:
El lenguaje de la iluminación 1/2
El lenguaje de la iluminación 2/2
Michel Marcu
www.michelmarcu.com
Un arte que sana: los mandalas
Un mandala es mucho más que un dibujo. En ellos, se contiene el cosmos, un espacio sagrado que invita a la reflexión y la introspección. La viveza de sus formas y colores es una invitación que nos cautiva y nos arrastra a una esencia mucho más profunda que el simple placer estético.
Carl Gustav Jung, por ejemplo, estudió su simbolismo para explicarnos no solo sus místicas y antiquísimas raíces, sino también, la aplicabilidad más cotidiana que de ellos podemos obtener, tanto en el ámbito clínico como en el emocional.
La conexión con uno mismo a través de los mandalas
Mandala es una palabra que procede del sánscrito y que significa círculo. Ahora bien, si nos remontamos a sus orígenes te sorprenderá saber que estos cosmogramas hunden sus esencias en la tradición asirio-babilónica, y que su simbolismo, representa la evolución y la involución en su retorno al centro del propio universo.
En ellos, se permite concentrar a su vez a nuestra psiquis para entrar en contacto con la totalidad de este complejo mundo del que formamos parte. De hecho, el propio Carl Gustav Jung nos sugería un interesante ejercicio con los mandalas que te invitamos a probar:
Elige un mandala que te atraiga, que te cause cierto interés inexplicable por su belleza o su complejidad.
Obsérvalo durante unos minutos e intenta captar sus formas en tu mente.
Ahora, sin mirar el dibujo, visualízalo en tu mente permitiéndote unos instantes de relajación. Sumérgete en cada uno de sus círculos, en sus movimientos lentos pero perfectos, donde no hay esquinas y todo fluye.
Según el célebre psiquiatra suizo, el hecho de que nos concentremos en figuras circulares invita ya a una unión hacia nuestra parte espiritual. Establece una conexión muy íntima con nuestro ser para permitirnos conocernos mejor, y “despegarnos” por un momento, del mundo material.
Fuente: Un arte que sana: mandalas
sábado, 15 de agosto de 2015
La música en los sentidos
Es lógico pensar que si la música resulta algo tan universal, que nos acompaña desde hace miles de años, es porque debe ejercer alguna función. No fue hasta mediados del siglo pasado que se comenzaron a dar explicaciones estrictamente científicas sobre el efecto de la música en el hombre. Dibner, Whitehead y Lidz descubrieron que un estilo musical ocasiona una respuesta emocional y que la música es un camino en el cual el individuo puede aliviar su tensión y frustración. Poch en 1999 establece el principio de compensación, según el cual todos buscamos en la música aquello de lo que carecemos en un momento determinado (inspiración, energía, serenidad, quietud…). Por consiguiente, elegimos en cada momento la pieza musical o el tipo de música que puede suplir nuestras carencias a través tanto de la audición como de la expresión instrumental, el canto o la danza.
El año pasado (Lonsdale and North, 2010) se publicó un estudio que identificó los seis factores fundamentales que hacen que la gente escuche música, son los siguientes:
Identidad personal. El tipo de música que nos gusta da información sobre aspectos de nosotros mismos. Incluso los géneros más amplios como el Rock, el Blues o la música Clásica. Al mismo tiempo, también nos descubrimos a nosotros mismos a través de la música; es posible crear y proyectar una imagen de nosotros mismos.
Gestionar el buen estado de ánimo. Cuando se está de buen humor, la música favorece la esperanza y el optimismo, incluso tras una mala experiencia. En un estudio publicado este mismo año, se dijo a los participantes que habían realizado mal una tarea. Aquellos a quienes se les puso música animada y positiva después, se mostraron más positivos y optimistas respecto al futuro que aquellos que esperaron en silencio.
Gestionar el bajo estado de ánimo. Otro de los motivos por los que escuchamos música es para lidiar con las emociones negativas. Cuando se está de bajón, puede resultar catárquico escuchar música triste y pesimista. De algún modo, ayuda a identificarse con el artista, reduciendo la sensación de soledad. La música se utiliza para aliviar tensiones, expresar sentimientos y evadirse de la rutina diaria. Diversos estudios han demostrado que la música donde predominan los ritmos lentos parece especialmente efectiva para relajar a personas de naturaleza introvertida, si bien no parece suceder lo mismo o al menos no resulta tan efectiva con gente de temperamento extrovertido. Según David Huron, de la escuela de música de la Universidad de Ohio, la gente que disfruta escuchando música triste lo que realmente está experimentando son los efectos de la prolactina, una hormona que el cuerpo libera cuando estamos tristes o depresivos, y que nos ayuda a sentirnos mejor. La gente que no soporta escuchar música triste, según Huron, no segrega altos niveles de prolactina al escuchar este tipo de música, por lo tanto lo único que consigue es sentirse aún más triste, pero ni rastro de nada reconfortante.
Para aprender de los otros y el mundo. La gente escucha música por la forma en que esta describe y enseña el mundo. Cuenta historias y pensamientos de otra gente; muestra lugares y accesos a nuevas experiencias. La investigación al respecto resalta la importancia de la información que la música proporciona sobre nuestra personalidad, y cómo somos capaces de juzgar a otros sólo basándonos en sus canciones favoritas.
Relaciones interpersonales. Otro factor importante resultó ser la influencia de la música en el contexto social. La música es un tema de conversación, es una forma de establecer un contacto. La relación de la música con temas como el amor o la amistad es incuestionable. Es más, un estudio llevado a cabo en Francia demostró que la probabilidad de que una mujer accediera a una cita aumentaba casi el doble si sonaba música romántica (en concreto, Je l’aime à mourir, de Francis Cabrel) cuando se le preguntaba.
Diversión. Escuchamos música porque es divertido. Es algo que hacer cuando no hay nada que hacer. Sin embargo, un reciente estudio demuestra que es mejor no utilizar música de fondo cuando se está tratando de realizar una tarea complicada, especialmente, música triste: distrae y reduce la ejecución en tareas cognitivas estándar.
Fuente: La música, un lenguaje universal
El año pasado (Lonsdale and North, 2010) se publicó un estudio que identificó los seis factores fundamentales que hacen que la gente escuche música, son los siguientes:
Identidad personal. El tipo de música que nos gusta da información sobre aspectos de nosotros mismos. Incluso los géneros más amplios como el Rock, el Blues o la música Clásica. Al mismo tiempo, también nos descubrimos a nosotros mismos a través de la música; es posible crear y proyectar una imagen de nosotros mismos.
Gestionar el buen estado de ánimo. Cuando se está de buen humor, la música favorece la esperanza y el optimismo, incluso tras una mala experiencia. En un estudio publicado este mismo año, se dijo a los participantes que habían realizado mal una tarea. Aquellos a quienes se les puso música animada y positiva después, se mostraron más positivos y optimistas respecto al futuro que aquellos que esperaron en silencio.
Gestionar el bajo estado de ánimo. Otro de los motivos por los que escuchamos música es para lidiar con las emociones negativas. Cuando se está de bajón, puede resultar catárquico escuchar música triste y pesimista. De algún modo, ayuda a identificarse con el artista, reduciendo la sensación de soledad. La música se utiliza para aliviar tensiones, expresar sentimientos y evadirse de la rutina diaria. Diversos estudios han demostrado que la música donde predominan los ritmos lentos parece especialmente efectiva para relajar a personas de naturaleza introvertida, si bien no parece suceder lo mismo o al menos no resulta tan efectiva con gente de temperamento extrovertido. Según David Huron, de la escuela de música de la Universidad de Ohio, la gente que disfruta escuchando música triste lo que realmente está experimentando son los efectos de la prolactina, una hormona que el cuerpo libera cuando estamos tristes o depresivos, y que nos ayuda a sentirnos mejor. La gente que no soporta escuchar música triste, según Huron, no segrega altos niveles de prolactina al escuchar este tipo de música, por lo tanto lo único que consigue es sentirse aún más triste, pero ni rastro de nada reconfortante.
Para aprender de los otros y el mundo. La gente escucha música por la forma en que esta describe y enseña el mundo. Cuenta historias y pensamientos de otra gente; muestra lugares y accesos a nuevas experiencias. La investigación al respecto resalta la importancia de la información que la música proporciona sobre nuestra personalidad, y cómo somos capaces de juzgar a otros sólo basándonos en sus canciones favoritas.
Relaciones interpersonales. Otro factor importante resultó ser la influencia de la música en el contexto social. La música es un tema de conversación, es una forma de establecer un contacto. La relación de la música con temas como el amor o la amistad es incuestionable. Es más, un estudio llevado a cabo en Francia demostró que la probabilidad de que una mujer accediera a una cita aumentaba casi el doble si sonaba música romántica (en concreto, Je l’aime à mourir, de Francis Cabrel) cuando se le preguntaba.
Diversión. Escuchamos música porque es divertido. Es algo que hacer cuando no hay nada que hacer. Sin embargo, un reciente estudio demuestra que es mejor no utilizar música de fondo cuando se está tratando de realizar una tarea complicada, especialmente, música triste: distrae y reduce la ejecución en tareas cognitivas estándar.
Fuente: La música, un lenguaje universal




